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Paseando por Ginebra
(Por Josep Autet)

Después de muchos años de asistencia constante, hice una pausa. Mi último desplazamiento a Ginebra para asistir al Salón del Automóvil fue en 2010, por lo tanto, tenía este año especial interés en comprobar cómo percibiría el certamen tras 8 años de ausencia. Quería volver a vivir aquella especial vibración que produce transitar por el salón del automóvil número uno de Europa y más ahora con los cambios que siguen anunciándose y preparándose respecto a la nueva movilidad.

Pasear por este salón es la manera más fácil de comprobar cómo está la industria automovilística. Participan todas las marcas, se siguen presentando multitud de nuevos productos a pesar del distinto papel que tienen ahora los salones y del cambio de tendencia que las presentaciones de coches han tomado en la industria. Y, por supuesto, Ginebra es el mejor sitio para encontrarte con los que mueven el sector, sean gente de las marcas o del mundo de la prensa, como suele ser mi caso.

Pero, ¿por qué en un sitio donde se exhibe lo más moderno y futurista, decido fotografiarme ante un Mustang de hace medio siglo? ¿Es por qué es un Ford? Que esta maravillosa unidad estuviera en un lugar primordial del stand de la marca para la que colaboro tiene su peso, claro, pero esta foto simboliza algo más que posar ante un Ford Mustang de primera generación. Lo que quiere significar es algo que mucha de la gente de mi edad nos resistimos a querer dejar atrás: el gusto por conducir y por la estética de los automóviles que crearon el camino.

No era el único clásico con pedigrí del salón, había algunos más, como queriendo las marcas que los exhibían reclamar las miradas de los que nos movíamos por esos pasillos –y por supuesto del público que hasta el día 18 llenará Palexpo–, para luego ofrecernos la mejor tecnología comercial actual. Para no alargarme demasiado, expongo a continuación algunas de las reflexiones que me produjo esta agradable visita:

-Lo clásico no pasa de moda. El Mustang de la foto pero también los modelos originales Alpine y Stratos, entre otros, eran exhibidos junto con sus versiones actualizadas y modernizadas, aprovechando claramente el peso de la tradición para atraer nuevo público que quiere un nombre famoso y una carrocería similar (sólo similar) a la de antaño, pero con todos los gadgets y tecnología de última generación.

-No se acaba la gasolina. No, ¡qué va!, siguen saliendo vehículos con unos propulsores increíbles y unas prestaciones que no se pueden exprimir en su completo rendimiento con las legislaciones actuales, pero los modelos de alta gama o con motores más que grandes siguen apareciendo en los salones… y en los catálogos de las marcas.

-El medio ambiente no es que venda, se vende. Aunque lo anteriormente comentado se da de bruces con estas líneas, lo cierto es que el asunto de las emisiones y la protección del medio ambiente está presente en toda la oferta de los constructores. Eso es así y seguirá siéndolo, ya no es cuestión de vender verde, sino de ofrecer verde sí o sí.

–Lo eléctrico va a más. Si, sin duda, avanza imparable la propulsión eléctrica pero que nadie crea que eso será la revolución de un año para otro, la electricidad en el automóvil ya está aquí, cala poco a poco, sin pausa, cada vez con una utilidad más práctica y con unos productos que mejoran su autonomía. Pero mientras quede gasolina lo eléctrico no se impondrá del todo, mientras no se creen baterías más pequeñas y menos pesadas y el precio de todo el paquete baje y baje, el vehículo eléctrico no ganará más terreno. Pero todo llegará…

–La carga, un gran problema. Y no olvidemos que otro de los escollos que el coche eléctrico tiene que superar (hasta que la industria y los gobiernos no apuesten firmemente por ello) es el asunto de las estaciones de recarga y el tiempo necesario “para llenar”. 15 o 20 minutos es lo que a lo sumo debería tardar en el futuro cargar totalmente la batería de un vehículo eléctrico. Y las electrolineras tienen que ser abundantes y facilitar esa rapidez. Hasta que eso no pase el coche eléctrico hará pasitos, no zancadas ¡y mucho menos saltos!
 
-Los desplazamientos con coche autónomo. El temor que produce el coche autónomo sigue presente, máxime cuando nadie sabe decir con certeza qué sucederá en países donde la circulación no es, digamos, ordenada, ni sus vías cuentan con la modernización adecuada. En Ginebra eran muchas las propuestas, algunos “coches” eran más bien amplios salones de estar que asemejaban más a una habitación que al interior de un automóvil.

–Preguntas sin respuestas… por el momento. Las preguntas que hacemos los que recibimos información de primera mano sobre esta tecnología autónoma, no paran: ¿Qué ocurrirá cuando un coche de este tipo se enfrente a imponderables como encontrar por la derecha un coche que obstaculiza el paso y una línea continua a la izquierda aunque sin nadie que venga de frente? Ese es sólo un ejemplo diario que todos vivimos en las ciudades, pero ¿cómo convivirán los coches conducidos por personas con los que circularán autónomamente? ¿Está la red viaria preparada para que estos artilugios llenos de tecnología acierten para ofrecer la movilidad que esperan sus usuarios?

Termino de darme una vuelta por este grandioso espectáculo que es en realidad la monumental tienda multimarca del Palexpo de Ginebra. Es bueno hacerse preguntas y entender que si aún no hay del todo las respuestas adecuadas, eso significa que podremos seguir disfrutando de la conducción manual… ¡Y soñar con nuestros clásicos de toda la vida!

Josep Autet
Vic, 8 de marzo de 2018