Competición vivida: va de copis y otras historias 



Por Antonio Arderiu.

A lo largo de mi vida deportiva automovilística he tenido la inmensa suerte de estar acompañado por unas personas, a las que guardo un sincero aprecio y amistad profundas y, además, una secreta admiración. Admiración por el hecho de soportarme y aguantarme largas horas en el reducido espacio del habitáculo de un coche. Y admiración también por su valentía y audacia, no exenta de temeridad, de atreverse a ir en un coche conducido por este que les escribe. Y como son muchas horas de vivir experiencias e historias variadas, les voy a revivir algunas de las que tienen por protagonistas a los copilotos. Advierto ya, que todas se refieren a rallys de regularidad.

Imagínense Vds. una carreterita de esas francesas totalmente nevada. Tramo de Saint-Michel-les-Portes, del Rallye Monte-Carlo Historique de 2019. Autobianchi A112. Tramo largo y, como he dicho antes, totalmente nevado, pero con nieve hasta las trancas. Era el segundo del tercer día. Salimos bien y aguantábamos cómodamente la media cuando, en la parte baja del tramo y en zona umbría, la nieve era puro hielo y, en una curva amplia que tomamos a buena velocidad, nos marcamos un trompo, sin mayores consecuencias que perder unos valiosos segundos.

A continuación venia un pueblecito, Saint-Andéol “no se qué”, de donde sale una Berlingo, nos bloquea el paso y perdemos mucho más tiempo. Cuando la superamos, el copi me dice “aprieta que hay que recuperar“. Gas a fondo para subir el Col des Deux. Llegamos a la cima a unos 100 km/h, avistamos el rasante y Luis (Góngora) dice: “¡a fondo! que es recto“. Bueno, pues no lo era. La carretera hacia un brusco giro a la izquierda. El coche saltó y... afortunadamente había una especie de aparcamiento para esquiadores donde aterrizamos, forzamos el giro y a seguir cuesta abajo.

En este mismo rally, que todavía salía de Barcelona, al coger las Rondas la placa de rally salió volando. Luis me avisó de que eso no eran puntos de penalización, sino directamente atraco al bolsillo: 500 “pavos”. Así que, un viernes por la tarde, en plena operación salida, dimos la vuelta, nos volvimos a meter en las Rondas y, a paso de tortuga, oyendo bocinazos por todas partes, logramos encontrar la placa pero hecha una porquería. Perdimos mucho tiempo, de tal manera que, al llegar al CH de Bourg-Madame, decidimos no detenernos e ir directos al de Mirepoix. Pero como este su seguro servidor vive por la zona, cogimos una carreterita que nos ahorró mucho tiempo y km, llegando los primeros al citado Mirepoix. Lo malo fue que Vincent Penel, que iba delante nuestro, nos vio allí y todavía me pregunta donde le adelantamos.

Otra maniobra brillante en este mismo rally fue la de la asistencia, con la que habíamos quedado el segundo día, antes de pasar el CH de Saint-Agrève. Les telefoneamos: ”Situaros en la plaza antes del CH, hay mucha gente y se puede comer algo, llegaremos en tiempo“. Llegamos a Saint-Agrève y encontramos a la asistencia en una calle solitaria y, con cara compungida, nos cuentan que no hay nadie ni ningún sitio para comer. ¡¡Que se le va a hacer!! Repaso al vehículo, cambio de ruedas y nos despedimos para ir al CH. Cuando alcanzamos la plaza donde estaba el control estaba llena a rebosar, con chiringuitos con vino caliente (repugnante, por otro lado) delicatessen locales, café, gourmandises y todo gratis. Para que te fíes de las asistencias...

Ahora nos vamos a la Coupe des Alpes de 2011. Porsche 911 Carrera 3.2. Tenía que venir de copi mi amigo Colin Francis, al que debía recoger en el aeropuerto de Ginebra. Pero, Vds. recordaran, entró en erupción un volcán en Islandia y cancelaron muchísimos vuelos en Europa, entre ellos el de Colin. La organización, para no perder un participante, me buscó una copi experta, habitual navegante del Director de la prueba. El ultimo día, la ultima prueba especial era el conocido y largo Montauban – Saint-Auban pero al revés, con final en lo alto del Col de Rafale. Cuando superas el Col y empiezas a bajar, ves a lo lejos que la carretera desemboca en otra que discurre por el fondo del valle. La copi me indica “dans 1.000 metres, a droite“, momento en el que somos adelantados por tres vehículos de rally (un Alfetta GT, un Porsche y un Alfa GTA) que, sorpresivamente, vemos que giran “a gauche“. Desoyendo las protestas de Stephany, que insistía en ir la derecha, hice lo que nunca jamás debe hacerse, que es desobedecer y girar “a gauche“. Alcancé a los tres que habíamos visto, me puse educadamente detrás y, a buen ritmo, hicimos bastantes kilómetros hasta llegar a un pueblo, Puget-Théniers, donde vimos la pancarta de control horario de fin de etapa. Hicimos la cola y, cuando nos toca subir al pódium y entregar el carnet de ruta, el comisario nos dice: “ustedes no son de esta fiesta…“. ¡¡Horror!!, era el Rally du Var que coincidía en fechas y nos habíamos metido entre sus participantes. Después de varios ”désolé“ y ponerme rojo de vergüenza, a estripar para llegar a tiempo a nuestra “fiesta“, en la entrada de Grasse (a droite), penalizando por mi tontería 12 minutos y mandando el rally a hacer gárgaras sin remisión.

Ello supuso una buena lección. Por ello, en el Monte-Carlo de 2015, que nos cogió una buena tormenta con ventisca y nieve y ya oscurecido, subiendo el Col de la Croix-Haute, sin visibilidad alguna, cuando Llorenç (Camprubí) me canta “tres, dos, uno... ¡¡a la izquierda!!”, no lo dude un instante y me tiré a la izquierda sin ver absolutamente nada, donde, afortunadamente, había una carretera enana que, obviamente, ni se distinguía. En este mismo rally, a la salida del CH de La Turbie, había una empinada rampa con un gendarme que regulaba el paso. Llorenç me dijo que me pusiera en esta bajada para intentar aminorar el tiempo de entrada al parque cerrado en Mónaco. Pues bien, al ponernos allí, los frenos, que venían tocaditos del ultimo tramo, mostraron fragilidad y... han visto Vds. el tik-tok de Carlos Sainz Jr. que le dice a su padre: ”¡¡frena, frena!!”, pues Llorenç, igual: “¡¡Frena Toni, frena!! Sin poderle decir yo que ya tenía el pie en la plancha. Total, el coche se fue acercando lenta y silenciosamente a las posaderas del gendarme, hasta que éste acabó sobre nuestro capó. Cara de póker, sonrisa de conejo y varios “désolés“ evitaron males mayores.

Esta misma obediencia la sigo intentando mantener actualmente. En el pasado Pla de l’Estany, con el Zastava 101, todo el mundo me hablaba del Mont, diciéndome: “¡¡Uy!! ya verás, ya...”. Llegamos al famoso Mont e íbamos subiendo por una carretera virada pero ancha y con buen piso, pensando para mis adentros que todo eran exageraciones, divisando el barranco a la izquierda, cuando de repente Joan (Al) me dice: “¡¡A la izquierda!!”. Únicamente se veía el cortado y luces a lo lejos. Tuve tiempo de preguntar: “¿seguro?“. “Si, si, sin dudar“, me respondió. Naturalmente, obedecí. Para los que son esquiadores les contaré la sensación: fue como tirarse en Schuss, directo ladera abajo, pero afortunadamente por un camino (no alcanzaba ni a carretera), que allí había. Acabamos el descenso en la plaza de un pueblo, no recuerdo cual, donde estaba el Simca de Pepe López al que, probablemente, el brusco descenso también le afectó.

Aunque, a veces, me hubiera ido mejor no tener esa obediencia. En un ORCA Rally, Porsche 914, en Italia, íbamos haciendo un largo tramo muy engorroso, con mucha carreterita y mucho cruce, en plenos Alpes Dolomitas, cuando, al acercarnos a un cruce en forma de T pregunto: “¿hacia donde?”. Y la copi me dice: “a la izquierda”. Tuve tiempo de mirar de reojo el Road Book y ponía a la derecha y le dije: “pero el RB señala derecha…“. Respuesta: “ya lo sé, pero esta mal”. Pregunto de nuevo: “¿pero tu has estado antes aquí?”. Respuesta: ”No, PERO TENGO UN GRAN SENTIDO DE LA ORIENTACION”. Total que, para no tener una más que segura trifulca, cogí a la izquierda. Resultado: perdidos en medio de las montañas alpinas hasta medianoche, en medio de una tormenta descomunal con granizo, lluvia, truenos, etc. Lo malo fue que nos seguían dos equipos griegos, uno de ellos mi amigo Stratos Vamakidis, que cuando me vio girar pensó que yo sabía el camino, me siguió y, obviamente, se perdieron. Yo los veía seguirme por las luces y pensaba que iba bien, y ellos me veían decidido y también pensaron que iban bien. Total que nadie iba bien. Al día siguiente, yo no me atrevía a bajar a desayunar. A partir de entonces, en nuestra reunión anual, tuve que aguantar las continuas chanzas de Stratos sobre el particular.

En el año 2008 se me ocurrió apuntarme al Tour de Corse en su formato de entonces, diferente del actual Tour. Fui con el Porsche 911 Carrera RS. Las verificaciones se hacían en Toulon, antes de embarcar, y el pódium de salida estaba en el pie de la rampa del buque por la que desembarcaban los coches en Bastia. Ni lo había podido preparar, ni había estado antes en Córcega, ni mucho menos conocía sus endiabladas carreteras. El primer día no sucedió nada de particular salvo que, en el descenso a Porto Vecchio seguíamos a un Lancia Fulvia cuando vimos que se detenía en medio de una humareda. Entre la humareda y nuestro paso, había dejado todo el aceite en la calzada y, al pasar, me marqué dos soberanos trompos sin otras consecuencias que los gritos de la copi, audibles en el Vaticano.

Al día siguiente, que amaneció seco y soleado en Bonifacio, la copi, que había hecho amistad con la copi del otro Porsche, Fabienne, y competían por los modelitos, se puso la “tenue de plage“ porque decía que en el coche se pasaba mucho calor. Bueno, pues subimos el Col de Vergio nevando y en medio de una ventisca. ¡¡Un frío de narices!! La culpa, del piloto...

Ese mismo día, cuando anochecía, había un control horario muy apretado en medio de un bosque. Superado el CH nos detuvimos en un pequeño descampado, porque la naturaleza obliga. Y estando en esas faenas sale del bosque una piara de jabalís a todo trapo. Esta vez los alaridos se escucharon hasta en la Catedral de Burgos...

En la primera década de los 2000 había un certamen en Madrid muy bien organizado, el TRECE, y una de cuyas pruebas mas divertidas era el Rally de Entresierras, cuyo centro neurálgico era Candelario, y donde acudían numerosos competidores portugueses. Era un rally muy bien planteado, muy competitivo, con preciosos y divertidos tramos que se disputaban en su mayoría de noche. Me apunté a su edición de 2007 y, como antaño, me desplacé allí en el Porsche 911 RS por carretera. Teníamos que haber hecho el viaje con Andreu Miró en un coche similar, pero, no sé por qué, pero no pudo ser. Venia Mª Carmen de copiloto, refunfuñando desde la salida por la incomodidad de los baquets y el ruido interior. El director de la prueba era, creo recordar, Jaime Queralt-Lortzing, asistido por Manolo González. Antes de la salida y en la plaza del pueblo nos hicieron el briefing donde advirtieron que podríamos encontrarnos con fauna silvestre en los tramos nocturnos. La copi me miró con una de aquellas miradas que, si matasen, hoy ya no les escribiría.

Al subir al vehículo después del primer CH, un rodillazo involuntario de la copi mandó al terratrip (no existía Blunik) a hacer puñetas. Total que, para poder seguir, acepté mentalmente una penalización mínima de 30 pts. fija (se salía cada 30 segundos) y pegarme al de delante, que era Ramón Monsonís, quien durante un rato se volvió loco no sabiendo quien era el que iba mal, si el o yo. Bueno, pues a la copi no se le ocurre otra cosa que, a falta de trabajo, echarse un sueñecito reparador sin enterarse de tramos, controles ni nada de nada. Cuando llegábamos al parque cerrado en Candelario, antes del descanso, como toda conversación preguntó: “¿donde estamos?“.

Y, en este mismo rally, me pasó otra anécdota que me resisto a silenciar. Después del último tramo se subía a La Corbatilla donde la organización tenía previsto el final del rally. Subíamos bastante animadillos cuando se me pone a la altura de mi ventana una moto de la Guardia Civil y pensé “algo has hecho“. El Guardia Civil me hace señal de bajar el cristal y cuando lo hago, para mi sorpresa, me dice “a ver quien llega antes”. Una disfrutada importante siguiéndole por aquella carreterita, ¿la media? ¡¡a tomar viento!!

En ocasiones, los que conducimos también probamos los sinsabores del asiento de al lado. Como más reciente, en el Rally Maya México en que hice de navigator de James Smithers en un Dodge Coronet Supercharged. Para que se hagan una idea, en las paellas de Estenalles ese aparato no cabría y debería maniobrar para negociarlas. Además, aguantábamos una temperatura de entre 43 y 47 grados en el habitáculo. A los pocos km de salir, absolutamente perdido por no saber interpretar las señales de tráfico de la zona, en estas veo pasar al Mercedes-Benz de Carmen González, una experimentada piloto y le digo a Jimmy: ”¡ponte detrás de ella!“. ¡¡Craso error!! En aquellos momentos iba tan perdida como nosotros y ambos nos deleitamos por las carreteras que circundan Mérida durante un buen rato. Debo decir que, ello no obstante, Carmen ganó varias etapas y finalizó 3ª absoluta.

Continuando con ello, nos damos cuenta de que, en un momento determinado, el road book cambia y tiene un salto de más de dos horas en el tiempo ideal. Al carecer de referencias para la salida de los tramos, se me ocurre marcar a un coche de delante y calcular el tiempo ideal en función de lo que él, Gerardo García, ha marcado, añadiendo a su salida 2,5 minutos para la nuestra. Lo peor fue que se me ocurrió esta idea en un tramo de autopista y nos paramos en un puente esperando poder iniciar nuestra estrategia, es decir, que pasara el elegido. No saben Vds. la cantidad de tráileres que pasaron haciendo sonar unas estridentes bocinas... Y tráileres que, si los comparas con los más grandes de España, parecen dinosaurios. La cosa funcionó bastante bien pero nos obligó a ir a todo trapo para no perder el contacto. Y todo ello, como digo, “fresquitos”.

También en el 2008 hice de copi de un piloto alemán (no puedo escribir correctamente su apellido de memoria): Werner, en el Tulipen Rally. En aquellas fechas era un rally un poco “cafre“ pues, aparte de los tramos de regularidad a la inglesa, y alguna prueba en circuito, lo difícil era la navegación. Tenías que seguir unas plantillas con letras que, en su totalidad, eran muy difíciles de localizar pues estaban puestas en lugares carentes de toda lógica. Y las carreteritas o caminos no eran tampoco fáciles de localizar. La prueba es que, terminadas las etapas a las 17h cada día, llegaban participantes a las 12 de la noche. Y no uno, sino varios. Bueno, pues en una etapa debíamos ir de Riquewihr a otro pueblo francés que no recuerdo, pero todo por la Francia central. No se como nos la hicimos pero después de muchas horas, para mi bochorno, nos dimos cuenta de que estábamos absolutamente perdidos en medio de una zona de alta montaña que no nos cuadraba con el plano. Paramos a preguntar a un personaje uniformado que no parecía gendarme y nos informó ¡¡que estábamos en Suiza!!, en un pueblo que se llamaba Confignon (no lo olvidaré). Suerte que Werner se lo tomó a chanza y lo celebró con una copa de coñac... Aquella noche fuimos unos de los que llegaron más tarde.

Con otro amigo alemán, “Fulvius“, un tipo muy simpático, en julio de 2014 fuimos al Heidelberg Historic (402 participantes) con un Audi experimental que se ponía a la velocidad autorizada, hicieras lo que hicieras, sensación muy molesta para los que somos pecadores. Ese mismo año, me habían operado del páncreas en enero y llevaba muy marcada la cicatriz que atravesaba mi tórax. Una noche se hacia fin de etapa en Rosenheim (o algo parecido) y nos habíamos repartido entre hoteles y casas rurales de esta localidad, tocándome a mi uno de esos muy arregladitos, con albornoz y todo en la habitación, y en el que todo funcionaba con botoncitos y contraseña. También les tocó ese hotel a una tripulación de un precioso Audi S4 que se llamaban Dagmara y Uta (no, no falta ninguna letra) y salían antes que nosotros de coche 00.

La cena fue en una carpa en la pista de atletismo de la localidad y, a la mitad, se puso a llover y granizar de forma despiadada. Cuando pude, me fui corriendo y mojándome al hotel y, al llegar al mismo, me encuentro en la puerta a la tal Dagmara, aterida de frío y chorreando, me cuenta que no puede entrar porque su compañera se ha ido con Carl Michael (Fulvius) y no tiene los códigos. Le abro la puerta y le cedo gentilmente mi habitación y el albornoz para que tome una ducha caliente, hecho lo cual, procedo a la misma operación. Cuando salgo del baño envuelto púdicamente en una toalla, mi cicatriz era bien visible y la moza, con cara de asombro dice: “Toro, isn’t it?”. A lo cual asiento con solemnidad, inclinando la cabeza gravemente: “Toro, toro…”. Y hasta aquí puedo leer, que diría el gran Kiko Ledgard.

Estas son parte de las anécdotas que recuerdo de mis rallys y, sobre todo, de los amigos que me han acompañado. En un próximo escrito, si encuentro fotos y antecedentes, les relataré más, empezando por las aventuras en un rally en que las señales y el road book estaban en alfabeto cirílico y no sabía una palabra del idioma.

© Antonio Arderiu Freixa
México DF, 28 de mayo de 2024
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