El pasado viernes 21 participé en un almuerzo muy, muy especial. Con motivo del homenaje que le ofrecimos a Alex Soler-Roig en el marco de Espíritu de Montjuïc, al acabar tuvimos una comida ocho personas. Una era el mítico piloto y su esposa, Fusi Juncadella, y el hijo de ambos, Miguel. También estábamos el anfitrión del evento y del ágape, Jesús Pozo, así como Joaquín Folch, Carlos Beltran, Valentí Fradera y un servidor.
Os aseguro que tras comer tuvimos una sobremesa que no es que se hiciera corta, que no lo fue, sino que el que esto escribe estaba deseando que se alargara más porque lo que allí se contaba era, sin ninguna duda, excepcional, de otro tiempo, cosas que uno conocía por encima de la época de llevar pantalón corto y devorar revistas.
Alex Soler-Roig Janer, 93 años, es una persona con un pasado deportivo tan intenso como rico en vivencias, con un don de gentes y una capacidad de comunicación extraordinarias (habla 6 idiomas, incluidos castellano y catalán), que para alguien con una afición que le viene de fábrica, como es la mía, oír las peculiaridades y opiniones sobre acontecimientos de los 60 y 70 contados por el protagonista, me dejaron poco menos que embelesado.
Sus compañeros de equipo, los jefes de escudería, la gente que le ayudó en su día, la familia, las decisiones sobre asuntos que eran vitales para su futuro, sus intereses reales, el valor de la amistad, lo que realmente le importaba en su época de piloto… y qué es lo que le importa ahora… uno tras otro fue desgranando temas, una buena parte de ellos como respuesta a nuestras preguntas, haciendo gala de una memoria increíble, fuera de lo normal a su edad.
Un ejemplo. Buscando datos de Soler-Roig para el acto del homenaje que le brindamos ese mismo viernes en el Circuit, leí unos días antes en Autopista, firmado muy a primeros de 1972 por Javier Forcano, un artículo sobre cómo se fraguó el fichaje de Alex Soler-Roig por British Racing Motors (BRM). Resulta que en pleno entierro de Joseph Siffert en Friburgo, Suiza, Louis Stanley, patrón de BRM, le preguntó que dónde correría en 1972. Soler-Roig le respondió que no tenía nada para la Fórmula 1 pero le espetó que con el féretro a pocos metros ese no era el momento de hablar de ese tema (Siffert había muerto pocos días antes en Brands Hatch ¡al volante de un BRM!).
Stanley le convocó para comer y hablar del tema el lunes siguiente en el Hotel Rochester, de Londres, y allí el jefe de BRM le explicó los planes que tenía con Marlboro, toda vez que Yardley se había ido a McLaren, y cerraron el trato para conducir un P180, como segundo piloto, para la temporada 1972. El primer piloto sería Jean-Pierre Beltoise. Lo que no le dijo Stanley a Alex es que esa misma proposición se la había hecho ¡a otros 4 pilotos! Esos eran: Howden Ganley, Helmut Marko, Peter Gethin y, finalmente, también Reine Wisell. Pues bien, toda esta historia y algo más que nos contó en la comida (como la opinión que tenía del tal Louis Stanley) era exactamente lo que escribió Forcano en la entrevista que leí y que el periodista le había hecho a Soler-Roig ¡53 años antes!
Sería largo y en algún punto inoportuno contar más, pero sí citaré cuales son las cinco personas a las que, según Alex Soler-Roig, más debe en su trayectoria deportiva y que, por lo tanto, son las que considera fundamentales en su paso por las carreras: su padre, José Soler-Roig Elizaicin (que le inculcó la afición por los coches, aún cuando no compartió con el hijo que quisiera dedicarse a ellos y no a la cirugía); Salvador Fábregas Bas (presidente del RACC, que le ayudó en momentos clave de su carrera); Enrique Badal Casas (que en aquellos años 60 lideraba la Empresa Nacional Calvo Sotelo); Juan Antonio Samaranch Torelló (quien desde su puesto de presidente del Comité Olímpico Español y a través del programa Solidaridad Olímpica influyó en su entrada en la F-1); y su esposa Fusi (Mercedes) Juncadella Salisachs.
La profunda amistad que mantenía con Jochen Rindt y el mazazo que supuso su muerte; el respeto y admiración que se tenían Jackie Stewart y Alex; los dimes y diretes en la pista con Graham Hill o Jack Brabham; la llamada de Jochen Neerpasch para que fichara por Ford en 1971; haber corrido antes las 4 horas del Jarama de 1970, con Helmut Marko en un BMW 1600 Ti Alpina; no hacer muy buenas migas con Bernie Ecclestone; la amistad que todavía perdura con Emerson Fittipaldi (le mandó un mensaje de voz de felicitación en plena comida); la trastada que le hizo el Conde de Villapadierna en Jarama 1970; el gran visionario que era Colin Chapman; y oírle hablar de sus experiencias con Jürgen Neuhaus, Toine Hezemans, Nanni Galli, Dieter Glemser, Rolf Stommelen, Rudi Lins, Jochen Mass, lo buen piloto que era Ronnie Peterson… ¿qué más? Mucho más y mucho más de lo que esperaba, un placer, vamos.
© Josep Autet
25 de marzo de 2025
JAS Info Service